Dos filmes sobre las apariciones de la Virgen en Lourdes

Dos filmes sobre las apariciones de la Virgen en Lourdes

En 1858 Lourdes era un pueblecito desconocido, de unas cuatro mil almas. Simple capital de partido judicial, tenía su juzgado de paz, su tribunal correccional y hasta un pequeño destacamento de gendarmería. Esto y un mercado bastante concurrido era lo único que le daba un poco de superioridad sobre los demás pueblecillos de los alrededores, perdidos, como él, en las estribaciones de los Pirineos.

Poco tiempo antes, un célebre escritor, Taine, garabateó en su cuaderno de viaje esta apresurada nota: «Cerca de Lourdes, las colinas se vuelven rasas y el paisaje se entristece. Lourdes no es más que un amasijo de tejados sucios, de una melancolía plúmbea, amontonados junto al camino». Fue injusto. Hoy admiramos en Lourdes algo que no ha podido cambiar desde entonces; la belleza de su paisaje. El jugoso verde de las orillas del Gave, las perspectivas maravillosas de los Pirineos nevados, la airosa construcción del castillo dominando toda la villa… y hasta las callejuelas, empinadas algunas de ellas, no exentas de una cierta gracia pirenáica.

Si el paisaje no ha cambiado, la población en cambio se ha transformado por completo. El pueblecillo, entonces ignorado, es hoy conocido en todo el mundo. Sin sombra de duda se puede asegurar que Lourdes es, de toda Europa, el punto por el que pasan un mayor número de personas. Es cierto que otros le superan en cuanto al arte de retenerlas mucho tiempo. El flujo y reflujo de Lourdes durante la época de las peregrinaciones no conoce descanso y es algo único e impresionante. De aquí el nacimiento de una nueva ciudad, la de los hoteles y las tiendas de recuerdos, que han venido a erigirse y casi a eclipsar a la antigua.

¿Qué ha ocurrido?

Algo increíble. Y, sobre todo, inesperado. Podemos conocerlo hasta en sus más insignificantes detalles. Una literatura inmensa, una legión de investigadores, una serie de procesos cuidadosamente elaborados, nos permiten hoy saber cómo era el Lourdes de 1858, cuántos habitantes tenía, en qué se ocupaban, qué actitud tomaron ante los acontecimientos, qué periódicos se leían, qué cartas escribieron. Recientes están los descubrimientos de documentación que han acabado de arrojar completa luz sobre todo lo relacionado con las apariciones. No creemos que haya habido acontecimiento histórico sobre el que se conserve una documentación contemporánea tan abundante y tan exhaustiva.

La historia la conoce todo el mundo. Había en Lourdes una pobre niña, analfabeta, que por su rudeza no había podido aprender el catecismo ni estaba aún en condiciones de hacer su primera comunión. Ni siquiera sabia hablar francés, y tenía que expresarse en el dialecto de la región. Era hija de padres pobrísimos, que atravesaban por aquellos días una situación de auténtica miseria. Pero, aunque pobre en las cosas materiales, era riquísima en las del espíritu, buena, humilde, caritativa, pura y, sobre todo, sincera. El testimonio de cuantos convivieron con ella a lo largo de su existencia es terminante sobre este punto: antes y después de las apariciones María Bernarda Soubirous, que así se llamaba la niña, había dicho siempre la verdad con la sinceridad más plena.

Un 11 de febrero, cuando ella llevaba escasamente quince días en Lourdes, a su regreso de Bartres, donde había estado haciendo de pastorcita, salió en busca de leña y de huesos, en compañía de una hermana suya y de una amiguita. Estaba en una pequeña isla, formada Por el Gave y el canal que en él desembocaba. Sus compañeras la habían dejado sola. Era el mediodía. Oyó un fragor como de tempestad, dirigió su vista hacia una concavidad que había en la roca por encima de ella, y la encontró ocupada por una jovencita de su misma estatura, de rostro angelical, vestida de blanco, ceñida por una banda azul, cubierta con un velo, que tenia un hermoso rosario entre las manos.

Había comenzado una serie de dieciocho apariciones que se sucederían durante los días siguientes, con algunos intervalos, hasta terminar el 16 de julio. Durante esa temporada, las autoridades estarían alerta, el pueblo dividido, el clero en un silencio total y más bien reticente. Sospechas, que humanamente podían considerarse fundadas, habrían de envolver a la niña. Era mucha la miseria que había en casa de los Soubirous para que se pudiera excluir la hipótesis de que acaso se estuviese buscando una solución a tan trágica coyuntura económica.

María Bernarda sufrió con paz celestial y sin inmutarse toda clase de pruebas. Ya sea el procurador imperial, ya el comisario de policía, ya el párroco, ya los visitantes…, a todos contestará con absoluta serenidad y paz, repitiendo exactamente las mismas expresiones. En vano los visitantes buscarán con habilidad la manera de sorprender su buena fe. Ella se mantendrá firme, dando testimonio de la verdad de lo que ha visto. Cuando los alrededores de la gruta estén rebosantes de público y la aparición no se produzca, ella dirá con toda sinceridad que nada ha visto. Cuando le amenacen para que calle, ella continuará diciendo siempre que ha sido verdad la aparición. Será testigo de la verdad, sin conocer un instante de vacilación, ni un desfallecimiento.

El párroco ha pedido una señal del cielo: quisiera que floreciese el rosal que está junto a la gruta. La aparición no ha querido que fuese así. Pero se va a producir un acontecimiento con el que nadie contaba. A lo largo de una aparición extraña, que decepciona al público, mientras Bernardita prueba unas hierbas no comestibles y araña la tierra, ésta se abre bajo sus dedos y brota una fuente. El público se marcha decepcionado. Hay críticas. Más de uno siente vacilar sus anteriores convicciones, favorables a la aparición. Y, sin embargo, aquel jueves, 25 de febrero, será decisivo en la historia de Lourdes. La fuente continuará brotando, para no secarse ya jamás. Muy pronto ese agua comienza a ser instrumento de maravillosas curaciones. Y el rumor de esas curaciones empezará a atraer las muchedumbres a Lourdes, que tampoco faltarán ya jamás.

La aparición ha dado a la niña un encargo concreto: decir al clero que han de edificar una capilla, y que se ha de ir allí en procesión. El cura de Lourdes se ha mostrado severo. No puede creer en semejante encargo, sin más ni más. Por otra parte, la aparición no ha dicho todavía su nombre. Es lo menos que puede exigírsele.

Y un día, el de la Anunciación, lo dice: «Yo soy la Inmaculada Concepción». La niña no sabe lo que significa aquello. Es más, las primeras veces que cuenta lo que ha ocurrido, pronuncia mal la palabra «Concepción», hasta que las hermanas del hospicio de Lourdes la corrigen y la enseñan a decirlo bien. No importa. Esta misma ignorancia suya será una de las pruebas de que no se trata de nada que haya sido fingido. Ahora ya se sabe quién se aparece: la Santísima Virgen, a quien poco tiempo antes el Papa ha declarado solemnemente libre del pecado original desde el mismo instante de su concepción.

La serie de apariciones se va a cerrar rápidamente. El 7 de abril, doce días después de la Anunciación, tiene lugar la decimoséptima aparición, y el 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, la decimoctava. Bernardita no volverá a ver a la Santísima Virgen mientras esté en la tierra.

El demonio no podía contemplar lo que estaba sucediendo sin intentar algo por desacreditarlo. Ya en una de las primeras apariciones, exactamente en la cuarta, unos diabólicos aullidos fueron apagados instantáneamente por una mirada severa de la Santísima Virgen. Era sólo el comienzo. Poco tiempo después, una epidemia de visionarios se produce en la pequeña ciudad pirenáica. Ahora son unas mujeres que dicen haber visto extrañas apariciones; luego unos niños momentáneamente delirantes y posesos; más tarde extravagantes hombres, que aparecen como portadores de extraños mensajes, y tienen que ser retirados por alucinados. Es cierto que nunca tan sacrílegas mascaradas llegan a poder utilizar la misma gruta. Pero sus alrededores son manchados con esta clase de manifestaciones. Es notable: el contraste con la serena majestad, con la humildad y dulzura de Bernardita es tal, que puede decirse que esta clase de manifestaciones, lejos de servir para oscurecer su gloria, sirvió, por contraste, para enaltecerla más y más. La diferencia entre la única vidente verdadera y las burdas falsificaciones diabólicas, apareció siempre manifiesta y clara.

Con todo, no iba a ser fácil la realización de lo que la Virgen había pedido. Durante no poco tiempo la gruta misma iba a estar cerrada, y el acceso a la misma prohibido. Se conserva todavía el cuaderno en el que el guarda jurado fue apuntando, con pintoresca ortografía, los nombres de los contraventores. Un día fue la señora del almirante Bruat, aya de los hijos del emperador. El mismo día, Luis Veuillot, el temible polemista. Estas visitas producen una cierta emoción en la ciudad. Hasta que, por orden del emperador Napoleón III, desaparecen las barreras y se decreta de nuevo que el acceso a la gruta es enteramente libre. Fue un día de inmensa alegría en Lourdes.

Pero ¿hasta qué punto se podía hablar de apariciones verdaderas? El obispo de Tarbes había mantenido hasta entonces una actitud sumamente prudente. Casi al mismo tiempo que se decretaba la libertad para ir a la gruta, monseñor Laurence daba, por su parte, otro decreto constituyendo una comisión de información sobre los hechos ocurridos en Massabielle. Y la comisión comenzaba inmediatamente, de manera concienzuda, sus informaciones. Estas habrían de tardar más de dos años. Por fin, entregaba sus conclusiones al señor obispo. Este quiso presidir personalmente la sesión final, que tuvo lugar en la sacristía de Lourdes.

La asamblea era impresionante. En torno al señor obispo, todas las personalidades que formaban parte de la comisión. En medio, Bernardita, tocada con su capuchón, calzada con zuecos, hablaba con absoluta sencillez, pero con una autoridad sorprendente. Sobre todo, como siempre solía ocurrir, cuando llegó el momento en que reprodujo el gesto de la Virgen, juntó sus manos, alzó su mirada y dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción», y pareció envuelta de una gracia tan celestial, que un escalofrío circuló por toda la reunión. El anciano obispo sintió cómo se le humedecían las mejillas, y dos gruesas lágrimas resbalaron por su rostro. Apenas salió la niña, exclamó movido por la emoción: «¿Han visto ustedes esta niña?»

Sólo faltaba proclamar la verdad. El sábado 18 de enero de 1862 el obispo firmaba la «Carta pastoral con el juicio sobre la aparición que tuvo lugar en la gruta de Lourdes». Después de haber expuesto los antecedentes, declaraba con toda solemnidad: ‘Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, se apareció realmente a Bernardetta Soubirous el 11 de febrero de 1858 y días siguientes, en número de dieciocho veces, en la gruta de Massabielle, cerca de la ciudad de Lourdes; que tal aparición contiene todas las características de la verdad y que los fieles pueden creerla por cierto… Para conformarnos con la voluntad de la Santísima Virgen, repetidas veces manifestada en su aparición, nos proponemos levantar un santuario en los terrenos de la gruta».

Las dificultades no iban a ser, sin embargo, pequeñas. Unas veces nacerían del criterio restrictivo del ministerio de cultos, que había de dar su autorización para el nuevo santuario. Otras serían minúsculas cuestiones locales, como un pleito que hoy se nos antoja ridículo, entre el cabildo de Tarbes y la prefectura a propósito de la construcción de unos almacenes y unas cuadras en terreno de ésta, otras veces se mezclarían miras puramente humanas en lo que debiera ser única y exclusivamente sobrenatural. No importa: pese a tantas dificultades, el santuario de Lourdes habría de ser un hecho, y rápidamente, Massabielle cambiaría de fisonomía: ya el 22 de enero de 1862 escribía el párroco al señor obispo que Ia nivelación del terreno le da un aspecto grandioso». El arquitecto diocesano concibió un proyecto atrevido, que en un principio se creyó irrealizable: dar por corona gigantesca a la roca de la aparición un edificio que armonizase con el círculo de las graciosas colinas y cuya flecha ostentaría la cruz a una altura de cien metros sobre el nivel del Gave. De esta forma la gruta continuaría de la misma manera que cuando la consagraron las visiones de Bernardetta, abierta siempre sobre el río y su murmullo, bajo el cielo azul y las estrellas. No a todos gustó este proyecto, y se conserva la airada carta de un cura español al obispo de Tarbes, amenazándole con toda suerte de castigos del cielo si se llegaba a realizar. Pero a pesar de todo fue el que se llevó a cabo, y hoy los peregrinos agradecen tan feliz idea.

la_cancion_de_bernadette-553621368-largeEl 14 de octubre de 1862 se dio el primer golpe de pico para poner los cimientos de la futura capilla. Entre los sesenta obreros que trabajaban, se contaba Francisco Soubirous, padre de Bernardita, orgulloso de cooperar, desde puesto tan humilde, a tan grandiosa obra. El 4 de abril de 1864 se colocaba la estatua que todos los peregrinos conocen, en la gruta. Rápidamente Lourdes fue tomando el aspecto que hoy presenta. El 19 de mayo de 1866, vigilia de Pentecostés, quedaba consagrada la cripta, que había de ser el cimiento de la futura capilla. Su inauguración quedó señalada para dos días después, lunes de Pentecostés, en presencia de una inmensa multitud. Todavía pudo asistir a ella Bernardita. Pero le costaba reconocer el terreno. Estaba todo muy cambiado.

En 1873 se inician las grandes peregrinaciones francesas. En 1876 es solemnemente consagrada la basílica y coronada la estatua de la Virgen. Los veinticinco años de las apariciones se celebran con afluencia de una inmensa multitud, y colocando la primera piedra de la iglesia del Rosario, para suplir la insuficiencia, de la primitiva basílica. Seis años más tarde era inaugurada esta iglesia, que fue solemnemente consagrada en 1901. Todavía con la marcha del tiempo habría de resultar insuficiente, y el 25 de marzo de 1958, el cardenal Roncalli, futuro papa Juan XXIII, consagraba una nueva y más inmensa basílica subterránea, dedicada a San Pío X.

No todas estas construcciones llenan por completo las exigencias del buen gusto. Lourdes es, en su aspecto artístico, fruto de una época de indecisión estilística. Aún sin admitir la tesis extrema de Huysmans, que sostiene que el mal gusto es la venganza que el demonio se ha tomado por el triunfo de la Santísima Virgen, sí que hay que reconocer que tiene una parte de razón. Pero no importa mucho. Es más, creo que todos los peregrinos protestarían si la fisonomía de Lourdes se alterara. Hay un algo maravilloso que flota en el ambiente, que penetra hasta lo más profundo del alma y que hace que Lourdes sea un sitio único para saciar la devoción cristiana.

Y en primer lugar, como lugar de oración. La ciudad, con sus tiendas de recuerdos, sus hoteles y fondas, suele causar una impresión desagradable al peregrino. Una multitud tan inmensa exige todo eso. Pero desilusiona un poco ese contraste entre la finalidad espiritual del viaje y estas exigencias de la naturaleza humana. Todo cesa, sin embargo, desde el momento en que se entra en el dominio de la gruta. Hay un ambiente sobrenatural de oración, de silencio, de recogimiento. Los hombres descubiertos, las mujeres como en la iglesia, y dominando todo el rumor de los cánticos que brotan de las iglesias o de la gruta.

Al llegar a ésta, se olvida todo. No cabe más que dejarse envolver por el silencio, apenas turbado por el rumor del río y el paso de los trenes que ponen como una nota lejana de recuerdo, de que todavía existe un mundo que se afana y corre. Allí todo es calma. La muchedumbre, de rodillas, en silencio, ora sin cansarse.

Sin embargo, no todo es paz y calma. Las peregrinaciones se suceden, ateniéndose todas a un mismo reglamento. Entran en la ciudad, se dirigen a la gruta, se lee allí la sencilla narración de las apariciones. Se realizan una serie de actos piadosos, misas cantadas, de comunión, vía crucis, etcétera, para partir después y dejar su sitio a otras que le seguirán. Todo en medio de un orden admirable.

Hay, sin embargo, todos los días dos actos cumbres, a los que concurren todas las peregrinaciones presentes en la ciudad: la procesión con el Santísimo y la de las antorchas.

Exactamente a las cuatro de la tarde se pone en marcha la procesión con el Santísimo. Avanza triunfal la Custodia, entre las filas de los peregrinos. Llega a la explanada y allí es esperada por la multitud de los enfermos. Es necesario haber contemplado aquel espectáculo para captar toda su significación.

El Señor ha entrado en la plaza y, oculto bajo las especies eucarísticas, comienza a recorrer las filas de camillas y carritos en que se encuentran los enfermos. Y una voz se alza penetrante, llena de vibración y energía: «¡Señor, creemos en ti!» La muchedumbre contesta al unísono: «¡Señor, creemos en ti!»

Son miles y miles de gargantas, Toda una generación trabajada por la escuela laica, acosada por unas costumbres corruptoras, influenciada por un ambiente de escepticismo… hace el acto de fe más emocionante, más lleno de sentido que puede imaginarse. Las lágrimas pugnan por salir, mientras las invocaciones, de evangélicas resonancias, se van sucediendo. Hace más de mil novecientos años que salieron de otros labios. Ahora, el mismo Señor, oculto bajo las especies eucarísticas, vuelve a escucharlas: «¡Señor, si quieres, puedes curarme!» «¡Señor, que vea «¡Señor, aquel que Tú amas, está enfermo!»

Por la noche, en cambio, el espectáculo es diferente. Los treinta, cuarenta o cincuenta mil peregrinos presentes en la ciudad, cantan acompasadamente la melodía sencilla, monótona, sin especial valor, pero devotísima del Ave, recorriendo un largo trayecto por todo el dominio de la gruta. Al final van agrupándose, ordenadamente, en la gran plaza, que se transforma en ascua de oro y de fuego, ante la confluencia de tantos miles de antorchas. Y entonces surge potente, arrollador, el canto del Credo. Venidos de los puntos más diversos del orbe, cantan, sin embargo, al unísono todos los peregrinos, proclamando a una voz su única fe. Espectáculo maravilloso y conmovedor.

Hay que decir algo, sin embargo; otro espectáculo, también consustancial con Lourdes: el de los enfermos. Sacudidos por un viaje interminable, heridos de muerte por sus enfermedades, incómodamente instalados en sus carritos…, son ellos los sembradores de una suavísima sensación de paz y consuelo. La tienen ellos, y la van derramando por doquier a su paso. Cada uno de ellos, cada mirada enfebrecida, cada llaga purulenta, cada mano retorcida, inflamada y monstruosa, va dejando en el alma del peregrino una gota de la más sobrehumana y deleitosa paz. Es ésta una de las grandes paradojas de Lourdes. Uno de sus milagros permanentes.

De vez en cuando, sin someterse a ley alguna, se produce el milagro. Unas veces ante la gruta, otras durante la procesión del Santísimo, otras en el viaje de vuelta. No hay ley alguna, lo repetimos. En medio de la multitud o lejos de ella, en Lourdes, o a muchos kilómetros de allí, la Santísima Virgen viene operando maravillas a centenares, a millares. Algunas de ellas llegan a comprobarse científicamente, con un rigor que no deja nada que desear. Otras, no. El alivio que ha recibido el enfermo, o su curación, no podrán comprobarse, porque no había lesión orgánica, o por falta de datos previos, pero eso no importará nada: quien recibió el beneficio disfrutará de él. De vez en cuando, en una prosa helada, que en su misma frialdad es el mejor argumento de la veracidad del hecho, Le Journal de la Grotte dará la noticia de que en esta o aquella diócesis se ha reconocido canónicamente la realidad de un milagro. Pero el más colosal milagro es el que todos los días se realiza en Lourdes: el de que una inmensa multitud de enfermos que ha peregrinado allí pidiendo su salud, se retire consolada, alegre, con dulce resignación. Y el de que la multitud que le rodea, en contacto permanente con el dolor, viendo con sus propios ojos aquel espectáculo de sufrimiento que presentan los enfermos, no haga de Lourdes una ciudad triste, sino todo lo contrario. Todos los peregrinos os dirán que Lourdes es una ciudad en la que ellos han pasado días de paz, de bienestar, de profunda e íntima alegría.

No ha faltado el sello oficial de la Iglesia. En 1869, Pío IX, por un breve de 4 de septiembre, proclamaba la luminosa evidencia de los hechos. León XIII autorizó un oficio especial y una misa en memoria de la aparición, que San Pío X, su sucesor, extendió por decreto de 13 de noviembre de 1907 a la Iglesia universal. Todos los Romanos Pontífices han rivalizado en dar muestras de benevolencia a este santuario mariano, Es digna de destacarse la preciosa encíclica Le pélerinage, de Pío XII, con motivo del grandioso centenario de las apariciones. Con tales testimonios de la Iglesia, el fiel cristiano puede invocar con seguridad a la Virgen de Lourdes y descansar tranquilo en su maternal regazo. Ella visitó la tierra y se digno alegrarla con su presencia. La Iglesia de una parte, y los continuos milagros de otra, nos lo aseguran así.

Lamberto de Echevarría en mercaba.org

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Películas sobre Santa Bernadette y las apariciones de la Virgen en Lourdes

Lourdes, un milagro en la Tierra

 

Ficha de la película

Titulo Original: Lourdes

Duración: 180 min

Producción: RAI

Año de producción: 2001

Pais: Francia, Italia, Luxemburgo

Dirección: Lodovico Gasparini

Guión:  Alessandra Caneva, Mario Falcone, Alessandro Jacchia

Música: Carlo Siliotto

Fotografía: Fabio Zamarion

Reparto: Angèle Osinsky, Florence Darel, Roger Souza, Sydne Rome, Helmut Griem, Andréa Ferréol

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La canción de BernadettE

Ficha de la película

Titulo Original: The song of Bernadette

Duración: 156 min

Producción: 20th Century Fox

Año de producción: 1943

Pais: Estados Unidos

Dirección: Henry King

Guión:  George Seaton sobre la novela homónima de Franz Werfel

Música: Alfred Newman

Fotografía: Arthur Miller

Reparto: Jennifer Jones, William Eythe, Charles Bickford, Vincent Price, Gladys Cooper, Anne Revere, Lee J. Cobb, Linda Darnell, Patricia Morison, Roman Bohnen

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Recursos para la catequesis sobre san Antonio de Padua

Recursos para la catequesis sobre san Antonio de Padua

San Antonio es uno de los santos católicos que mayor devoción recibe en el mundo. Nace en Lisboa (Portugal), en 1195. Ingresa en un monasterio a las afueras de la ciudad. Dos años después se traslada a Coimbra. Aunque sus conocimientos son muy amplios, profundiza más en las Sagradas Escrituras.

Ante la popularidad adquirida del martirio de cinco franciscanos en Marruecos decide hacerse franciscano, deseoso de consagrarse al apostolado entre los infieles y morir mártir de Cristo.

En 1220, ya como franciscano, desembarca en Marruecos. Cae enfermo y sus superiores creen oportuno repatriarlo, pero en el viaje de regreso, acaba en Sicilia tras un tortuoso viaje. Allí conoce a san Francisco de Asís con quien convive y comparte los comentarios de su relación con Dios, en el convento de Monte Paula.

Su fama comienza a extenderse con ocasión de un sermón predicado a franciscanos y dominicos que fueron ordenados sacerdotes, en 1221. Habla de tal manera de todos quedaron maravillados de su sabiduría. Cuando ve que sus estudios progresaban, decide ordenarse sacerdote, y como profesor de Teología, ejerce pastoralmente por Francia e Italia donde alcanza una afamada popularidad. Se dedica a la composición de sermones para todas las festividades del año.

Fallece a los treinta y seis años el 13 de junio de 1231 y, en el lugar de su muerte fue construido un templo en su honor, por lo que se llamó san Antonio de Padua. En el mundo de habla española y portuguesa también es conocido como san Antonio de los Portugueses o san Antonio de Lisboa. Al año siguiente de su muerte fue canonizado por el Papa.

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Antonio, el guerrero de Dios – Película original con subtítulos

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San Antonio – Película en español latino

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Juan Pablo I: la sonrisa de Dios – Miniserie

Juan Pablo I: la sonrisa de Dios – Miniserie

Vemos en tal participación la estima y la confianza que vosotros tenéis en la Santa Sede y en la Iglesia, humilde mensajera del Evangelio en todos los pueblos de la tierra para ayudar a crear un clima de justicia, de fraternidad, de solidaridad y de esperanza, sin el que no se podría vivir en el mundo. Todos los presentes, grandes y pequeños, estén seguros de nuestra disponibilidad a servirles según el espíritu del Señor.

Rodeado de vuestro amor y sostenido por vuestra oración, comenzamos nuestro servicio apostólico invocando, cual espléndida estrella de nuestro camino, a la Madre de Dios, María, Salus populi romani y Mater Ecclesiae, que la liturgia venera de manera particular en este mes de septiembre.

La Virgen, que ha guiado con delicada ternura nuestra vida de niño, de seminarista, de sacerdote y de obispo, continúe iluminando y dirigiendo nuestros pasos, para que, convertidos en voz de Pedro, con los ojos y la mente fijos en su Hijo, Jesús, proclamemos al mundo con alegre firmeza, nuestra profesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16).

SS Juan Pablo I,
Homilía en la Misa de comienzo del Ministerio de Sumo pastor,
domingo, 3 de septiembre de 1978.

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Ficha en IMDb

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Ficha de la miniserie

Título original: Papa Luciani – Il sorriso di Dio (miniserie para TV)

Año: 2006

Duración: 200 min

País: Italia

Director: Giorgio Capitani

Guión: Francesco Scardamaglia, Massimo Cerofolini

Juan Pablo I: la sonrisa de DiosMúsica: Marco Frisina

Fotografía: Claudio Sabatini

Reparto: Neri Marcorè, José María Blanco, Paolo Romano, Franco Interlenghi, Imma Colomer, Gabriele Ferzetti, Roberto Citran, Jacques Sernas, Sergio Fiorentini, Alberto Di Stasio, Mario Opinato, Giorgia Bongianni, Alberto Scala, Emilio De Marchi, Daniele Griggio

Productora: Compagnia Leone Cinematografica / Rai Fiction

Sinopsis: El cardenal Albino Luciani (Neri Marcorè) ha viajado a Fátima donde se entrevista con la hermana Lucía (Imma Colomer), última superviviente de los tres pastorcillos que vieron a la Virgen y escucharon y guardaron los secretos que les confió. Lucía le revela al cardenal que pronto será elegido Papa, pero que su papado ‘será breve como lo es la vida de una semilla, ya que la semilla debe morir para que la planta pueda crecer y dar fruto’. Esas palabras llenan de inquietud a monseñor Luciani quien, a pesar de su frágil salud —y erróneos diagnósticos médicos—, a lo largo de su vida ha dedicado todas sus fuerzas a ayudar a pobres y desvalidos, ya que él mismo vivió con su familia la máxima pobreza y lo sinsabores de una forzada emigración. En 1978, un año después de la revelación de la hermana Lucía, fallece Pablo VI y el cardenal Luciani es elegido Papa. En recuerdo de sus dos antecesores y valedores —Juan XXIII (Claudio Angelini) y Pablo VI (Massimo Rinaldi)—, Luciani adopta el nombre de Juan Pablo I y emprende la puesta en marcha de la modernización de la Iglesia, aunque sabe que el tiempo del que dispone es muy breve.

Pablo VI, un Papa en la tempestad – Miniserie

Pablo VI, un Papa en la tempestad – Miniserie

Contemplando a este gran Papa, a este cristiano comprometido, a este apóstol incansable, ante Dios hoy no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: Gracias. Gracias a nuestro querido y amado Papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia.

El que fuera gran timonel del Concilio, al día siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: «Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva» (P. Macchi, Paolo VI nella sua parola, Brescia 2001, 120-121). En esta humildad resplandece la grandeza del Beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro –y quizás en solitario– el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor.

Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la «sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misión de Cristo» (Homilía en el inicio del ministerio petrino, 30 junio 1963: AAS 55 [1963], 620), amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea «al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación» (Carta enc. Ecclesiam Suam, Prólogo).

SS Francisco, Homilía en la beatificación de Pablo VI, Plaza de San Pedro, 19 de octubre de 2014

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Pablo VI, un Papa en la tempestad, ficha en IMDb

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Ficha de la miniserie

Título original: Paolo VI – Il Papa nella tempesta (miniserie para TV)

pablo_vi_peliculaAño: 2008

Duración: 200 min.

País: Italia

Director: Fabrizio Costa

Guión: Francesco Arlanch, Maura Nuccetelli, Gianmario Pagano

Música: Marco Frisina

Fotografía: Giovanni Galasso

Reparto: Fabrizio Gifuni, Mauro Marino, Antonio Catania, Mariano Rigillo, Claudio Botosso, Fabrizio Bucci, Luca Lionello, Sergio Fiorentini, Giovanni Visentin, Carlo Cartier, Angelo Maggi, Luciano Virgilio, Maciej Robakiewicz, Luis Molteni, Gaetano Aronica

Productora: Lux Vide / Radiotelevisione Italiana (RAI) / Rai Fiction / RaiTrade

Sinopsis: Telefilm que se centra en la figura de Pablo VI desde que era sacerdote con 27 años, hasta los meses más cercanos a su muerte en marzo de 1978. Desde la perspectiva de Pablo VI, la película recoge momentos históricos como el fascismo en Italia, los Nazis, la II Guerra Mundial y el Concilio Vaticano II en el que Pablo VI tuvo un papel relevante o incluso la guerra de Vietnam.

El «Diario» de Santa María Faustina Kowalska para descargar o leer online y en audiolibro

El «Diario» de Santa María Faustina Kowalska para descargar o leer online y en audiolibro

Sor Faustina nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de Lodz, como la tercera de diez hermanos en la familia de Kowalski. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad, obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para trabajar de empleada doméstica en casas de familias acomodadas. A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde ­ como Sor María Faustina ­ vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas, hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas.

Misión de santa Faustina

La misión de sor Faustina consiste en tres tareas:

  1. Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.
  2.  Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.
  3. La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

El Diario

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio —dijo el Señor Jesús a sor María Faustina— tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas, por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

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En este enlace puedes acceder a él en español, en formato pdf, para leer online o descargártelo, y al audiolibro:

Santa María Faustina Kowalska: Diario: La Divina Misericordia en mi alma,
Editorial de los padres marianos de la Inmaculada Concepción
de la Santísima Virgen María, 2001.

Enlace al audiolibro (recursoscatolicos.org)

Maín, la casa de la felicidad – Película

Maín, la casa de la felicidad – Película

«Maín, la casa de la felicidad» narra la vida relativamente breve (44 años), pero intensa y fructífera de la hermana Mazzarello. En una primera fase, desde su nacimiento en Mornese, en el Alto Monferrato (1837) hasta la Primera Comunión (1850), la niña vive en un ambiente familiar caracterizado por una fuerte vida cristiana y por el trabajo en los campos, acompañada por su director espiritual. La segunda fase (1850-1860) se caracteriza por la decisión de donar su juventud al Señor con el voto de virginidad y la participación en la vida parroquial. A los 23 años cae enferma de tifus y está a punto de morir. Frágil de salud, se dedica a la educación de las niñas del pueblo a través de un taller de costura, un oratorio para los días de fiesta y un hogar para las niñas sin familia. En una tercera etapa de su vida (1860-1872) al conocer a San Juan Bosco (1864), encuentra la respuesta a sus preguntas. Juntos fundan, el 5 de agosto de 1872, la nueva familia religiosa de las Hijas de María Auxiliadora. En la última fase de su vida (1872-1881) María Domenica Mazzarello guía los inicios de la congregación, forma a las religiosas, realiza numerosos viajes para visitar las nuevas fundaciones. Muere en Nizza Monferrato el 14 de mayo de 1881. Fue beatificada por el Papa Pío XI en 1938 y canonizada por Pío XII en 1951.

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Portal web de las Salesianas de Don Bosco – Hijas de María Auxiliadora

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Maín, la casa de la felicidad (Ficha en IMDb)

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Maín, la casa de la felicidad – Ficha de la película

Título original: La casa della felicità

Director: Simone Spada

Género: Drama

País: Italia

Año: 2012

Productora: Multidea

Reparto: Gaia Insenga, Sofia Nicolai, Paolo Civati, Clara Galante, Fabio Pappacena, Valentina Fois, Danilo Nigrelli,

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Karol, el hombre que se convirtió en Papa – Película online

Karol, el hombre que se convirtió en Papa – Película online

Polonia, década de 1930. Karol Wojtyla, de 10 años, tiene sueños, muchos sueños. Uno detrás de otro van haciéndose añicos. Primero por la pérdida de su querida madre y de su hermano. A continuación, por el estallido de la guerra seguido del éxodo de quiénes huían de la muerte. Y por último, por los primeros indicios de persecusión de los judíos. Estos acontecimientos marcarán el inicio de la larga odisea de Karol, de obrero a poeta y profesor. Una odisea llena de encuentros que acabarán llevándole al sacerdocio y, al cabo, en 1978, a convertirse en el hombre que todos conocemos ahora: un hombre que ha marcado una época y que ha hecho historia. Con una extraordinaria banda sonora del repetidamente laureado Ennio Morricone.

Se continúa con la película Karol II: el Papa, el hombre, que también puedes encontrar en este portal.

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Karol, el hombre que se convirtió en Papa, ficha en español IMDb

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Ficha de la película

Título original: Karol, un uomo diventato Papa 

Año: 2005

Duración: 185 min.

País: Italia/Polonia

Director: Giacomo Battiato

Guión: Giacomo Battiato (sobre el libro de Gianfranco Svidercoschi)

Música: Ennio Morricone

Fotografía: Giovanni Mammolotti

Reparto: Piotr Adamczyk, Malgorzata Bela, Ken Duken, Hristo Shopov, Ennio Fantastichini, Violante Placido, Matt Craven, Olgierd Lukaszewicz, Lech Mackiewicz, Kenneth Welsh, Raoul Bova

Productora: Coproducción Italia-Polonia; Taodue Film

Sinopsis: En su juventud, en Polonia bajo la ocupación nazi, Karol Wojtyla trabajó en una cantera de caliza para poder sobrevivir. La represión nazi causó numerosas víctimas no sólo entre los judíos, sino también entre los católicos. Es entonces cuando Karol decide responder a la llamada divina.

Cartas al padre Jacob (película sobre el perdón y la redención)

Cartas al padre Jacob (película sobre el perdón y la redención)

¿Qué ha dejado la Cruz en los que la han visto y en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Miren, deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, está su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer. Queridos jóvenes, fiémonos de Jesús, confiemos en Él (cf. Lumen fidei, 16). Porque Él nunca defrauda a nadie. Sólo en Cristo muerto y resucitado encontramos la salvación y redención. Con Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él nos da esperanza y vida: ha transformado la Cruz de ser un instrumento de odio, y de derrota, y de muerte, en un signo de amor, de victoria, de triunfo y de vida.

Santo Padre Francisco

Discurso durante el «Vía Crucis» con los jóvenes

JMJ de Río de Janeiro, el viernes 26 de julio de 2013

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Cartas al padre Jacob – Sinopsis de la película

Leila es una mujer que, después de haber sido condenada a cadena perpetua, es indultada, y le ofrecen trabajo como ayudante de Jacob, un anciano cura rural ciego. Su trabajo consiste básicamente en responder a las cartas que los fieles le escriben al sacerdote pidiéndole ayuda y consejo. Esta labor que para el cura es vital, a Leila, en cambio, le parece una tarea estéril; en consecuencia, la relación entre ambos personajes es bastante tensa. Pero llega un momento en que Jacob deja de recibir cartas y, entonces, siente que su vida ha perdido todo sentido. Este hecho será el desencadenante de una dramática revelación.

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Cartas al padre Jacob – Ficha en IMDb

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Cartas al padre Jacob – Ficha de la película

Título original: Postia pappi Jaakobille

Año: 2009

Duración: 72 min.

País: Finlandia

Director: Klaus Härö

Guión: Klaus Härö, Jaana Makkonen

Música: Dani Strömbäck

Fotografía: Tuomo Hutri

Reparto: Kaarina Hazard, Heikki Nousiainen, Jukka Keinonen, Esko Roine

Productora: Kinotar / Yleisradio (YLE)

Género: Drama | Religión

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Portal web de Gloria.TV

Portal web de Film Affinity


José de Nazaret – Película

José de Nazaret – Película

Y morirá por fin José sin haber visto manifestarse la misión de Jesús. En su silencio quedarán sepultados todos sus padecimientos y esperanzas. La vida de este hombre no ha sido la del que, pretendiendo realizarse a sí mismo, busca en sí solamente los recursos que necesita para hacer de su vida lo que quiere. Ha sido el hombre que se niega a sí mismo, que se deja llevar adonde no quería. No ha hecho de su vida cosa propia, sino algo para dar. No se ha guiado por un plan que hubiera concebido su intelecto, y decidido su voluntad, sino que, respondiendo a los deseos de Dios, ha renunciado a su voluntad para entregarse a la de Otro, la voluntad grandiosa del Altísimo. Pero es exactamente en esta íntegra renuncia de sí mismo donde el hombre se descubre.

Porque tal es la verdad: que solamente si sabemos perdernos, si nos damos, podremos encontrarnos. Cuando esto sucede, no es nuestra voluntad quien prevalece, sino ésa del Padre a la que Jesús se sometió: No se haga mi voluntad, sino la tuya (Lc 22,42). Y como entonces se cumple lo que decimos en el Padrenuestro: Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo, es una parte del Cielo lo que hay en la tierra, porque en ésta se hace lo mismo que en el Cielo. Por esto san José nos ha enseñado, con su renuncia, con su abandono que en cierto modo adelantaba la imitación de Jesús crucificado, los caminos de la fidelidad, de la resurrección y de la vida.

Cuando san José duerme

Homilía del Cardenal Joseph Ratzinger

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José de Nazaret – Sinopsis de la película

Un hombre justo

Los hechos históricos narrados en los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas, desde la perspectiva de José. Como estas fuentes contienen elementos bastantes escuetos acerca del carpintero que fue esposo de María, y que crió a Jesús, los guionistas imaginan con más o menos tino algunas circunstancias razonables en su vida: así, vemos cómo sufre por la violación de una pariente por un soldado romano, elemento que formará parte de sus dades acerca de cómo María ha podido quedar encinta; también le vemos haciendo trabajos para Herodes, o en las puertas del templo de Jerusalén.

El film de Raffaele Mertes se enmarca en el conjunto de otras producciones televisivas de Lux Vide, que trata de acercar la Biblia a un público popular amplio. En tal sentido se cumple sobradamente el objetivo, con un José cuyos sufrimientos comparte el espectador. A veces la Virgen puede parecer algo fría, o extrañar algunas acciones de Jesús niño -su extravío en Jerusalén-, pero el conjunto es grato, y sabe sacar punta a pasajes de la Escritura no demasiado explícitos.

Artículo original en decine21.com

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José de Nazaret  – Ficha y compra en www.dvdbiblia.com

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José de Nazaret – Ficha de la película

Título original: Giuseppe di Nazareth

Duración: 97 min

Género: Drama | Histórico

Año: 1999

País: Italia

Dirección: Raffaele Mertes

Guión: Gareth Jones Gianmario Pagano

Música: Marco Frisina

Fotografía: Giovanni Galasso

Intérpretes: Tobias Moretti Stefania Rivi Ennio Fantastichini Massimo Reale Omar Lahlou Francesco Dominedò

Distribuidora: Karma Films

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