Madame de Chantal: madre, mística y fundadora

Madame de Chantal: madre, mística y fundadora

Nacida en una familia católica ferviente de la aristocracia francesa, hija de Benigno Frémyot y de Margarita de Barbissy. Su madre muere cuando ella contaba con 18 meses, quedando bajo la tutela de su padre y su abuelo materno y educada por su hermana mayor. La reciedumbre y el compromiso cristiano de su padre es la mayor influencia de su niñez: recibe una formación muy completa y desde su infancia se destaca por su vida piadosa.

En 1593 contrae matrimonio con el barón de Chantal, Christopher II, a quien da, durante los siete años siguientes, seis hijos, aunque dos de ellos murieron durante la infancia. Forma una familia armoniosa, en la que se viven los ideales cristianos. Pero, en 1601, el barón de Chantal es herido durante una cacería por el señor D’Aulézy, y, tras nueve días de sufrimiento en manos de un mal médico, muere, dejando viuda a Juana, quien se traslada a pasar el año del luto en Dijón, a casa de su padre. Pero su suegro le exige que se traslade con sus hijos al castillo de Monthelon, cerca de Autun. El viejo Señor la somete a continuas vejaciones, pero la joven viuda siempre le estuvo sometida, mostrándole agradecimiento y llenando su castillo de alegría familiar.


Su encuentro con san Francisco de Sales

Durante la cuaresma de 1604 viaja a Dijón junto a su suegro a visitar a su padre, y allí escucha la prédica de Francisco de Sales, obispo de Ginebra, quien cena frecuentemente en casa de Benigno Frémyot y ahí se gana, poco a poco, su confianza. El obispo se siente profundamente impresionado por la piedad de Juana. Desde ese momento, Francisco de Sales se convierte en su director espiritual, y, por su consejo, Juana modera sus devociones y actos piadosos para poder cumplir con sus obligaciones como madre, hija y nuera. Esta es la base de la espiritualidad salesiana, y su plasmación más perfecta está en la vida de Madame de Chantal, de quien se dice que era «capaz de orar todo el día sin molestar a nadie». Además, atiende a enfermos pobres y se modera mucho en mortificaciones corporales: san Francisco de Sales no permite a su dirigida que olvide que está en el mundo, que tiene un padre anciano y, sobre todo, que es madre; con frecuencia le habla de la educación de sus hijos y modera su tendencia a ser demasiado estricta con ellos.


La fundación de la Orden de la Visitación

Madame de Chantal tiene desde joven una especial querencia por la vida contemplativa, así que, cuando, en 1607, san Francisco de Sales le expone su proyecto de fundar una nueva congregación, Juana lo acoge con gran alegría, dividiendo su corazón, ya que tiene una intensa vida familiar. El obispo le recuerda que sus hijos ya no eran niños y que desde el claustro podría velar por ellos. Juana Francisca casa a su hija mayor con el barón de Thorens, hermano de san Francisco de Sales, y se lleva consigo al convento a sus dos hijas menores; la primera muere al poco tiempo y la segunda se casa más tarde con el señor de Toulonjon. Celso Benigno, el hijo mayor, quedó al cuidado de su abuelo paterno y de varios tutores. El primer convento de la Orden de la Visitación de Nuestra Señora es inaugurado en 1610 en Annecy (Saboya). Junto a Juana Francisca están dos damas, María Favre y Carlota de Bréchard, y una sirvienta llamada Ana Coste, y en ese mismo año crecen en número hasta la docena de religiosas. El primitivo carisma de la nueva orden es una gran novedad: debía servir de refugio a quienes no podían ingresar en otras congregaciones y las religiosas no debían vivir en clausura para poder consagrarse de la nueva familia religiosa debía ser el de visitar y asistir a los enfermos pobres en su domicilio, uniendo la vida activa a la vida contemplativa. La oposición del arzobispo de Lyón, al cabo de algunos años, obligó a los dos fundadores a aceptar la clausura para las religiosas y Juana y Francisco redactan (1618) la regla de la orden, basada en la de San Agustín, con unas constituciones muy novedosas que convierten a la humildad y a la mansedumbre en la base de su observancia: «En la práctica, la humildad es la fuente de todas las otras virtudes; no pongáis límites a la humildad y haced de ella el principio de todas vuestras acciones, y mantiene el nombre de Congregación de la Visitación de Nuestra Señora. Las Constituciones son aprobadas por la Santa Sede en 1626.


La espiritualidad de la Visitación

Se convierte en la primera superiora, y para la atención de su vida interior y de sus hermanas, Francisco de Sales compone el Tratado del amor de Dios: un método de oración simple y natural, compatible con cualquier circunstancia personal basado en la correspondencia espiritual entre los dos santos y en las experiencias místicas de Juana. Pero la vida conventual de la nueva superiora es muy ajetreada: deja frecuentemente Annecy, tanto para fundar nuevos conventos en Lyón, Moulins, Grénoble y Bourges, como para cumplir con sus obligaciones de familia. En 1619 funda el monasterio de París, donde reside los tres años siguientes. Allí se somete a la dirección espiritual de san Vicente de Paúl y conoce Angélica Arnauld, abadesa de Port-Royal, quien renuncia a su cargo e ingresa en la Congregación de la Visitación.


francisco-sales-juana-chantalÚltimos años

En 1622 muere Francisco de Sales y es sepultado en el convento de la Visitación de Annecy; y en 1627, su hijo Celso Benigno perece en el campo de batalla y deja viuda y una hija de un año, que con el tiempo sería la célebre Madame de Sévigné. A partir de este momento, toma como director espiritual a san Vicente de Paúl. En 1628 se desata una epidemia que asuela Francia, Saboya y Piamonte. Juana no abandona su monasterio de Annecy y pone a disposición del pueblo todos los recursos de su convento, participando la comunidad en la atención de los enfermos. Ella misma es contagiada, pero cura milagrosamente. A estas desgracias se añade la sequedad espiritual que sufre, pero no abandona. Entre 1635 y 1636 visita todos los conventos de la Visitación, que eran ya sesenta. En 1641 se traslada para ver a Madame de Montmorency y la reina Ana de Austria en París. Durante el viaje de vuelta a Annecy cae enferma de pulmonía y fallece en el convento de Moulins el 13 de diciembre de 1641. Su cuerpo es trasladado a Annecy y sepultado cerca del de san Francisco de Sales. A su muerte la orden que fundara, cuenta con ochenta y seis conventos.

Es beatificada por Benedicto XIV en 1751 y canonizada por Clemente XIII en 1767. Su fiesta se celebra el 12 de agosto.Su fiesta se celebraba hasta 1962 el 21 de agosto, después hasta 2001 fue el 12 de diciembre, que fue cambiado para no coincidir con la virgen de Guadalupe, patrona de América.


Otras biografías en la red


Bibliografía

  • Bougaud, Louis Emile: Historia de Santa Juana Francisca Frémiot, Baronesa de Chantal, fundadora de la Orden de la Visitación de Santa María, llamada vulgarmente de religiosas salesas, y del origen de este santo instituto, Madrid, 1872.
  • Chaugy, Françoise Madeleine de: Santa Juana Francisca Frémiot de Chantal. Su vida y sus obras, Madrid, Voluntad, 1928.
  • Echeverría, Lamberto de: Santa Juana Francisca de Chantal, Madrid, Productos Compactos, S.A. , 1991.
  • Ferrer Hortet, Eusebio: Juana de Chantal, Madrid, Ediciones Palabra, 1991.
  • Ferrer Maluquer, Manuel: Santa Juana Francisca Frémiot de Chantal: Poesía y narraciones, Barcelona, Vicente Ferrer, 1958.
  • Frémyot de Chantal, Juana Francisca: Cartas, Madrid, Primer Monasterio de la Visitación, 1828.
    • Sus obras, Madrid, Prensa Castellana, 1968.
    • Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal: sus obras, Madrid, Testimonio de Autores Católicos Escogidos, 1989.

    • Monasterio de la Visitación de Santa María (Oviedo): Semblanza espiritual de los fundadores de la Visitación: San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Frémiot de Chantal, Oviedo, Monasterio de la Visitación, 1988.
    • Spiegelberg Horno, Luisa: Santas casadas, Madrid, Apostolado de la Prensa, 1961.

  • Stopp, Elisabeth: Historia de una santa: Madame de Chantal, Madrid, Rialp, 1966.

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Nota: este artículo ha sido incorporado por el autor a Wikipedia.

Santa Teresa de Calcuta: mujer, monja, fundadora

Santa Teresa de Calcuta: mujer, monja, fundadora

«Para conquistar al mundo no se necesitan ni guerras ni cañones, solo hace falta amor y compasión».

Santa Teresa de Calcuta

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Este ha sido el mensaje que la Madre Teresa, cuya fiesta celebra la Iglesia el día 5 de septiembre, ha llevado siempre consigo, superando todas las barreras. Su trabajo en Calcuta cambió su destino y de la docencia pasó a ser servidora de los más pobres entre los pobres. Su labor, admirada en el mundo entero, se vio galardonada con el Premio Nobel de la Paz 1979. Su preocupación fue atender todas las carencias de los más necesitados, a los que se entregó sin alterar su fidelidad a la Iglesia. Ella siempre reconoció que la verdadera pobreza reside en el hambre de amor.


Al servicio de Dios

Agnes Gonxha Bojaxhiu, auténtico nombre de la Madre Teresa nació el 27 de agosto de 1910 en Skopjel (Albania, ahora Macedonia). Su infancia transcurrió en calma, solo su fantasía recibía la influencia de los padres jesuitas y pasaría a convertirse en una auténtica vocación: ‘Quería llevar la idea de Cristo a los pueblos de misión’. En 1928 y a los 18 años de edad viajó a Dublín para ingresar en la Orden de Nuestra Señora de Loreto y un año después fue destinada a Calcuta para trabajar como profesora de geografía en un colegio de la ciudad. Después de diecisiete años de docencia tuvo una llamada interior con un mensaje muy claro: ‘Debía salir del convento y ayudar a los pobres viviendo entre ellos’. En 1948 recibió el consentimiento papal para abandonar la orden y meses después fue autorizada para fundar su primera escuela, en un parque público de los suburbios de Calcuta. Quería dar a los pobres lo que los ricos procuran con dinero.

Esta primera fundación partió de cero con un préstamo del Arzobispo de Calcuta para adquirir la casa. Pronto se sumarán algunas de sus antiguas compañeras y sin más instrumentos que su vocación de servicio, consiguieron importantes logros.

La Congregación de Hermanas de la Caridad se fundó como tal dos años después y la aprobación pontificia definitiva la obtuvo en 1965, siendo Papa Paulo VI. A los tres votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia las misioneras añadieron el de la entrega absoluta a los más pobres, sin aceptar ninguna ayuda material ni subvención: ‘El voto de pobreza es muy estricto en nuestra Orden’, para amar a los pobres y cuidarlos es imprescindible que nosotras vivamos también en la pobreza’ dirá la Madre Teresa. La Orden se extendió por toda la India: escuelas, hogares para moribundos y residencias de leprosos son el testimonio material de una incesante lucha contra la miseria. Es el mensaje de Dios encarnado en una frágil mujer. ‘Cada persona para mí es Cristo, cómo Él es único, cada hermano es para mí el único’.

Los miles de pobres de la India se sienten por primera vez dignos: ‘He vivido como un animal, al menos aquí moriré como un hombre’, confesaría a un periodista un residente del hogar para moribundos de Calcuta. En 1963 el arzobispo de este lugar bendecía la rama masculina de la Orden que estaría encabezada por un jesuita australiano. Durante la década de los sesenta la Congregación se ramifica y el mensaje de amor llega a lugares como Caracas, Colombo o Melbourne. Hoy está representada en más de ochenta naciones del mundo atendidas por más de 1.500 religiosas. La gran cantidad de nuevos miembros entrantes hace necesario la apertura de un ‘Centro de Formación de Novicias en Londres’.


Premios y distinciones

Líderes políticos e instituciones internacionales elogian vivamente a esta mujer y sus trabajos se conocen mundialmente. Desde 1963, fecha en que recibe el premio Magsaysay del gobierno filipino, una larga serie de galardones la tuvieron como destinataria. El 8 de diciembre de 1979 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz por sus servicios a los más necesitados. Los dólares recibidos (191.000) se destinaron a la construcción de hogares para pobres y leprosos, tal como hizo con los 25.000 dólares obtenidos en 1971 con el primer premio ‘Juan XXIII de la Paz’, empleados en la compra de medicinas. La religiosa recibió todos ellos con iguales muestras de humildad: ‘No lo merezco, pero lo agradezco en nombre de los más pobres de los pobres, al conocerme la gente no puede seguir ignorando que los pobres existen y ese conocimiento lleva al amor y al servicio’.

Entre otras distinciones están: el ‘Premio Nacional Kenndy (1971)’, el ‘Pandit Nehru (1972)’, el ‘Barat Rahma (1980), la más alta condecoración hindú. El ‘Torremerlate de Italia’ y la ‘Orden al Mérito’(1983) de la Reina Isabel en Nueva Delhi. Es Doctora ‘Honoris Causa’ por varias universidades y ha sido recibida por personalidades del mundo entero.

Teresa de Calcuta supo combinar la eficaz gestión de una Congregación progresivamente más compleja con múltiples viajes a Occidente en los que criticaba la pobreza de la sociedad actual: ‘La pobreza de aquí –señalaría en la Universidad de Harvard– es más perversa que la de allí, hay un gran hambre de amor’. La salvación del solitario hombre occidental, reside para ella, en una familia unida y no desintegrada por el aborto, este se ha convertido en el mayor destructor del amor y la paz.


Aprecio universal

La Madre Teresa sintetizaba el amor en su frágil persona, fragilidad que en 1983 la mantuvo internada un mes con problemas cardíacos. En 1985 fue operada de cataratas en Nueva York. En 1989 necesita de la ayuda de un marcapasos y su quebrantada salud la obliga a renunciar al cargo de superiora de su congregación. En 1990 se retiró definitivamente, aunque su congregación asegura que continúa trabajando, aún después de haber sido nombrada la sucesora. El 5 de septiembre de 1997 a los 87 años, muere de un ataque al corazón en la sede central de la Congregación. Trabajadora infatigable, su rostro lleno de arrugas y sus manos deformes por la artritis son testimonio vivo de su labor de amor a los desfavorecidos. ‘Debes estar preparado para trabajar sin descanso para servir a la humanidad que sufre’. Un día, un moribundo dijo en Calcuta: ‘No he visto a Dios ni necesito verlo, porque para mí esta anciana es el Dios viviente’. En la actualidad, la Hermanas de la Caridad se encuentran en más de 129 países, ayudando a pobres y enfermos y son más de tres mil las monjas pertenecientes a la Congregación.

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Fuente: Cristo Hoy 172, 1997 (publicado a pocos días de su muerte).